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Preguntas para un ilustrador

22 May

Un dibujante siempre se hace preguntas… el día en que no lo hace más, será un día de preocupación.

Estoy en Chillán, sobre la cama donde inventé la mayor parte de las historias que ahora llenan una carpeta vieja, historias que jamás terminaron, o si es que terminaron aún están guardadas. Historias buenas y no tan buenas. También aquí están incontables croqueras y cuadernos, testimonios del aprendizaje de mi niñez y adolescencia. Aquí es donde pareciera que no me alcanzará el tiempo para hacer todo lo que deseo hacer, pero también, donde pareciera que pudiese hacerlo todo.

No tengo claro cómo fue que decidí ser ilustradora, o más bien aceptar que mi profesión y estilo de vida se definiría tras esa palabra, tal vez fue paulatino. Lo que sé es que no quise ser veterinaria porque odio la biología. Y sinceramente… no sé hacer ninguna otra cosa. Y cuando me tocó elegir qué quería hacer con mi futuro descubrí en internet, por esas cosas que sólo Dios sabe, la hermosa palabra Ilustración, lo que significaba y que en Chile sólo 3 institutos la impartían como carrera. No me cuestioné siquiera… ni mi familia tampoco lo cuestionó, sólo vimos la forma en que yo pudiera ir a Santiago y estudiarlo. Y… entonces, en tres años, aprendí… ¡aprendí mucho! Pero aún había cosas que no aprendería en clases.

Y de eso es lo que les quiero hablar: de las etapas que todo dibujante debiese pasar.

Si recurrimos a nuestros recuerdos infantiles o cómo es que comenzamos a dibujar… seguro lo observarán con nostalgia. Esos años en que inventar y sacar lo que había dentro de mí era tan natural como estirar la mano a la caja de lápices y sacar mi color favorito. Lo que aprendía, lo asimilaba y aplicaba con ahínco, no miraba hacia adelante y decía “me falta mucho”, si no, miraba hacia atrás y decía “he avanzado mucho”. Y me cuestionaba la vida, me cuestionaba el corazón, me cuestionaba lo que sentía, toda pregunta era un motivo para responder algo… y como dibujantes… respondemos en el lenguaje que conocemos. Más bien, no tenía miedo de responder. Y pareciera que lo que más me importaba, el discurso del corazón, era más claro… y no sentía vergüenza de que para alguien más ese tema no fuese “de tanta trascendencia”.

Esos desdichados filtros del miedo. “Me gusta… ¿pero le gustará a alguien más?” “¿Vale la pena sacar a la luz estos pensamientos?” “¿Son cosas importantes… o són sólo tonterías?”. O… “Ese ilustrador es tan genial… ¡ojalá yo hubiese hecho eso!”, “Nunca se me va a ocurrir algo así”, “No, esta idea es muy estúpida… muy obvia”, “¿Por qué no me salen los dibujos como a él?”. Esas preguntas… preguntas de filtro, taponaron el flujo de creatividad que cuando niña era un torrente libre.

Siempre hay un momento en la vida en que hay que afrontar los miedos, ¿no?.

¿Quién eres y qué haces?

Todo nace de aceptar quién eres y qué es lo más importante para ti ¿qué tema te viene a la mente constantemente? ¿qué te preocupa, afecta o te importa más? ¡Y aceptarlo sin vergüenza! .

De ti, de tu interior, de lo que eres y piensas, saldrá un torrente de ideas creativas… buenas, malas y feas, da igual ¡todo debería ser anotado! Siempre te dicen “no sabes cuándo puede venir una buena idea”, pero si sólo anotas lo que “crees” que será una buena idea, perderás mucho de ti.

La forma en que haces las cosas, esa forma que te divierte, esa que te hace sentir cómodo y que por ahora no te aburre… es la forma de TU CREACIÓN. Si no logras aceptar tu creación… es como si fueras una madre que no quisiera a su hijo porque no salió como soñabas, tan lindo como son los hijos de esa, tan inteligente y original como el hijo de la otra, porque no tendrá futuro ¡es tan tonto! ¡tan feo!…

Tal vez te falta mucho por saber, tal vez no te resulta bien la anatomía, la perspectiva o la composición… todo eso se aprende. Muy diferente es que no ames lo que sabes y lo que haces, porque eso te dará una sensación constante de “no sé, me falta algo que no sé lo que es”. Como es tu creación tenderás a echarte la culpa… “si no me sale bien es porque yo no soy capaz de hacer algo mejor”. ¿Y qué es lo peor y qué es lo mejor? ¿Quién lo define?

SIEMPRE va a haber alguien a quien le guste tus obras.Y por alivio, también a quienes no les gustarán. De ahí la diversidad… dichosa diversidad. Y tú también eres parte de esa diversidad… tu vida, tus experiencias, tus gustos, tu estilo, tus materiales, tus conocimientos, tus tendencias, hacen de ti un artista único e irrepetible, nadie más tiene esa mezcolanza en la cabeza y las manos como tú.

¿Qué quieres y cuál es tu ambición?

Conversando con un amigo llegué a una conclusión interesante. Hay personas que les gusta escalar, si son empleados sueñan un día con ser jefes; pero hay otras que simplemente no quieren ser jefes, organizar, administrar, mandar, les parece aburrido.. no, ellos quieren ser empleados porque es en ese cargo donde hacen lo que les gusta. En el caso de varios dibujantes que he conocido… estos prefieren mil veces poder dibujar todo el día, que tener un cargo un poco más alto, y tener que preocuparse de la gestión y administración de una empresa o proceso. Los hay también, quienes quieren instaurar su estilo y visión, y tener un grupo de gente a cargo que hagan las cosas “a su manera”, mientras tienen más tiempo y dinero para disfrutar. O simplemente… les gustaría empezar tus propios proyectos, tus propios libros, animaciones, productos.

Nada de eso está mal… ¿pero qué quieres tú? Y lo mejor de todo… no tienes que elegir sólo una opción. Lo mejor de esta vida es que puedes probar y volver a probar, y darte cuenta para dónde va tu tren. Pregúntate qué te gusta, qué áreas de la ilustración te gustan, y qué no.

¿Cuál es(son) tu trabajo soñado?

¿Estás trabajando por ti mismo como si estuvieras trabajando ya ahí? Oh… la dichosa motivación. No te preocupes, todos pecamos de vagos alguna vez. No es que no tenga importancia… ¡la tiene y mucha! Las elecciones dependen de ti… hay decisiones para toda la vida, y otras que no lo son tanto. Personalmente pienso que una carrera o un trabajo no es el fin del mundo y no determinan tu destino para toda la vida. Me imagino un mecánico que dibuje… o un militar que escriba poemas… y no necesito imaginarlos: es la vida real. Y no es tan terrible… pero una vez que te das cuenta que te equivocaste ¿tendrás el valor de arriesgarte y correr tras tu sueño?

Te juzgarán, te pondrán obstáculos y todo el mundo opinará (a la gente le gusta opinar de la vida del resto)… pero el real problema es que si tú mismo te pones los obstáculos, si tú mismo no crees que lo lograrás, y te dices “no tengo lo suficiente para llegar hasta ahí donde quisiera llegar”… realmente nunca te moverás un sólo centímetro de donde estás parado.  Es como cuando ibas al colegio y en la noche soñabas que te levantabas, te vestías, salías y llegabas a la sala de clases, pero de pronto el despertador sonaba y no has hecho nada aún.

Les comparto unos textos que Sol, del taller de Monos con cuento nos compartió hace tiempo (lo estoy pasando genial en el taller a todo esto, échenle un ojo al link), y que les será útil para pensar sobre la ilustración y lo que implica. ¡Disfrútenlo!

Conclusión sobre la ilustración en la actualidad

  

El dibujo

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2 Respuestas a “Preguntas para un ilustrador

  1. juan pablo

    mayo 23, 2011 at 4:23 pm

    encanto!!,un abrazo!!,lo voy a tomar como ejemplo.me

     
    • Anónimo

      junio 11, 2012 at 10:01 am

      nose yo no lo entiendo mucho

       

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