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Preguntas para un ilustrador

Un dibujante siempre se hace preguntas… el día en que no lo hace más, será un día de preocupación.

Estoy en Chillán, sobre la cama donde inventé la mayor parte de las historias que ahora llenan una carpeta vieja, historias que jamás terminaron, o si es que terminaron aún están guardadas. Historias buenas y no tan buenas. También aquí están incontables croqueras y cuadernos, testimonios del aprendizaje de mi niñez y adolescencia. Aquí es donde pareciera que no me alcanzará el tiempo para hacer todo lo que deseo hacer, pero también, donde pareciera que pudiese hacerlo todo.

No tengo claro cómo fue que decidí ser ilustradora, o más bien aceptar que mi profesión y estilo de vida se definiría tras esa palabra, tal vez fue paulatino. Lo que sé es que no quise ser veterinaria porque odio la biología. Y sinceramente… no sé hacer ninguna otra cosa. Y cuando me tocó elegir qué quería hacer con mi futuro descubrí en internet, por esas cosas que sólo Dios sabe, la hermosa palabra Ilustración, lo que significaba y que en Chile sólo 3 institutos la impartían como carrera. No me cuestioné siquiera… ni mi familia tampoco lo cuestionó, sólo vimos la forma en que yo pudiera ir a Santiago y estudiarlo. Y… entonces, en tres años, aprendí… ¡aprendí mucho! Pero aún había cosas que no aprendería en clases.

Y de eso es lo que les quiero hablar: de las etapas que todo dibujante debiese pasar.

Si recurrimos a nuestros recuerdos infantiles o cómo es que comenzamos a dibujar… seguro lo observarán con nostalgia. Esos años en que inventar y sacar lo que había dentro de mí era tan natural como estirar la mano a la caja de lápices y sacar mi color favorito. Lo que aprendía, lo asimilaba y aplicaba con ahínco, no miraba hacia adelante y decía “me falta mucho”, si no, miraba hacia atrás y decía “he avanzado mucho”. Y me cuestionaba la vida, me cuestionaba el corazón, me cuestionaba lo que sentía, toda pregunta era un motivo para responder algo… y como dibujantes… respondemos en el lenguaje que conocemos. Más bien, no tenía miedo de responder. Y pareciera que lo que más me importaba, el discurso del corazón, era más claro… y no sentía vergüenza de que para alguien más ese tema no fuese “de tanta trascendencia”.

Esos desdichados filtros del miedo. “Me gusta… ¿pero le gustará a alguien más?” “¿Vale la pena sacar a la luz estos pensamientos?” “¿Son cosas importantes… o són sólo tonterías?”. O… “Ese ilustrador es tan genial… ¡ojalá yo hubiese hecho eso!”, “Nunca se me va a ocurrir algo así”, “No, esta idea es muy estúpida… muy obvia”, “¿Por qué no me salen los dibujos como a él?”. Esas preguntas… preguntas de filtro, taponaron el flujo de creatividad que cuando niña era un torrente libre.

Siempre hay un momento en la vida en que hay que afrontar los miedos, ¿no?.

¿Quién eres y qué haces?

Todo nace de aceptar quién eres y qué es lo más importante para ti ¿qué tema te viene a la mente constantemente? ¿qué te preocupa, afecta o te importa más? ¡Y aceptarlo sin vergüenza! .

De ti, de tu interior, de lo que eres y piensas, saldrá un torrente de ideas creativas… buenas, malas y feas, da igual ¡todo debería ser anotado! Siempre te dicen “no sabes cuándo puede venir una buena idea”, pero si sólo anotas lo que “crees” que será una buena idea, perderás mucho de ti.

La forma en que haces las cosas, esa forma que te divierte, esa que te hace sentir cómodo y que por ahora no te aburre… es la forma de TU CREACIÓN. Si no logras aceptar tu creación… es como si fueras una madre que no quisiera a su hijo porque no salió como soñabas, tan lindo como son los hijos de esa, tan inteligente y original como el hijo de la otra, porque no tendrá futuro ¡es tan tonto! ¡tan feo!…

Tal vez te falta mucho por saber, tal vez no te resulta bien la anatomía, la perspectiva o la composición… todo eso se aprende. Muy diferente es que no ames lo que sabes y lo que haces, porque eso te dará una sensación constante de “no sé, me falta algo que no sé lo que es”. Como es tu creación tenderás a echarte la culpa… “si no me sale bien es porque yo no soy capaz de hacer algo mejor”. ¿Y qué es lo peor y qué es lo mejor? ¿Quién lo define?

SIEMPRE va a haber alguien a quien le guste tus obras.Y por alivio, también a quienes no les gustarán. De ahí la diversidad… dichosa diversidad. Y tú también eres parte de esa diversidad… tu vida, tus experiencias, tus gustos, tu estilo, tus materiales, tus conocimientos, tus tendencias, hacen de ti un artista único e irrepetible, nadie más tiene esa mezcolanza en la cabeza y las manos como tú.

¿Qué quieres y cuál es tu ambición?

Conversando con un amigo llegué a una conclusión interesante. Hay personas que les gusta escalar, si son empleados sueñan un día con ser jefes; pero hay otras que simplemente no quieren ser jefes, organizar, administrar, mandar, les parece aburrido.. no, ellos quieren ser empleados porque es en ese cargo donde hacen lo que les gusta. En el caso de varios dibujantes que he conocido… estos prefieren mil veces poder dibujar todo el día, que tener un cargo un poco más alto, y tener que preocuparse de la gestión y administración de una empresa o proceso. Los hay también, quienes quieren instaurar su estilo y visión, y tener un grupo de gente a cargo que hagan las cosas “a su manera”, mientras tienen más tiempo y dinero para disfrutar. O simplemente… les gustaría empezar tus propios proyectos, tus propios libros, animaciones, productos.

Nada de eso está mal… ¿pero qué quieres tú? Y lo mejor de todo… no tienes que elegir sólo una opción. Lo mejor de esta vida es que puedes probar y volver a probar, y darte cuenta para dónde va tu tren. Pregúntate qué te gusta, qué áreas de la ilustración te gustan, y qué no.

¿Cuál es(son) tu trabajo soñado?

¿Estás trabajando por ti mismo como si estuvieras trabajando ya ahí? Oh… la dichosa motivación. No te preocupes, todos pecamos de vagos alguna vez. No es que no tenga importancia… ¡la tiene y mucha! Las elecciones dependen de ti… hay decisiones para toda la vida, y otras que no lo son tanto. Personalmente pienso que una carrera o un trabajo no es el fin del mundo y no determinan tu destino para toda la vida. Me imagino un mecánico que dibuje… o un militar que escriba poemas… y no necesito imaginarlos: es la vida real. Y no es tan terrible… pero una vez que te das cuenta que te equivocaste ¿tendrás el valor de arriesgarte y correr tras tu sueño?

Te juzgarán, te pondrán obstáculos y todo el mundo opinará (a la gente le gusta opinar de la vida del resto)… pero el real problema es que si tú mismo te pones los obstáculos, si tú mismo no crees que lo lograrás, y te dices “no tengo lo suficiente para llegar hasta ahí donde quisiera llegar”… realmente nunca te moverás un sólo centímetro de donde estás parado.  Es como cuando ibas al colegio y en la noche soñabas que te levantabas, te vestías, salías y llegabas a la sala de clases, pero de pronto el despertador sonaba y no has hecho nada aún.

Les comparto unos textos que Sol, del taller de Monos con cuento nos compartió hace tiempo (lo estoy pasando genial en el taller a todo esto, échenle un ojo al link), y que les será útil para pensar sobre la ilustración y lo que implica. ¡Disfrútenlo!

Conclusión sobre la ilustración en la actualidad

  

El dibujo

 
 

Dibujo-dependiente

Les ha pasado alguna vez que están en un lugar y les han entrado unas ganas incontrolables de dibujar, dibujar y sólo dibujar, ¿aunque sea una rayita? Pues eso le pasó al joven que se sentó al lado mío en la micro* (haha, esperaban que a mí?). Hace ratito ya que estaba ahí de pie, o eso creo, en cuanto se sentó sacó una croquera pequeña, buscó su dibujo y con un rápido-graf comenzó a delinear un dibujo que al parecer había dejado pendiente (horrible de sapa sho). Sus dibujos tenían un estilo poco común, al principio, en buen chileno “lo miré a huevo” (lo subestimé), pero en el fondo era una hermosa ilustración de una familia sentada a comer. En ese estilo (perdón mi corta referencia) de Alberto Montt (en la línea), medio Paulina Leyton. Pero al fin y al cabo era el estilo único de este joven desconocido.

¿Te has encontrado con gente así? ¿Le has hablado? Pues… aunque me morí de ganas, no le hablé. Me dio vergüenza, yo debería aprovechar así cada momento, no porque esté hasta el cogote de trabajos, si no porque me apasione dibujar esas ideas que se me vienen a la mente. Porque de que a los ilustradores se nos ocurren “cada cosa” loca, se nos ocurren. Tenemos la mente demasiado despierta, no sé si soy la única, pero cada noche sin falta tengo sueños de aventuras de todos los tiempos en mundos que no sé ni de donde saco, y también que acomodo mi realidad a los sueños haciendo historias bien divertidas. Pero… pese a que no me falta qué dibujar… cuando está el tiempo disponible no lo hago. ¿Por qué?

Otra cosa que me llamó la atención fue el pulso de este chico. ¡Era un pulso envidiable! Imagínense a un troncal de Transantiago andando por plena Alameda frente al Santa Lucía (calle de centro llena de baches) y él la mar de tranquilo tirando líneas, como que adivinaba un frenazo y dejaba el lápiz detenido a escasos milímetros del papel! ni un sólo error. Yo creo que no terminó el dibujo por la vieja sapa que lo miró dibujar en todo el camino (para que no haya malos entendidos, esa era yo). Pero por su forma de trabajar, estoy segura que estaba acostumbrado a dibujar en la micro y a ser observado.

Cuando recién empecé a dibujar me daba vergüenza que me miraran, pero mis ganas eran más fuertes y todos mi bichitos estaban ahí agarrotados en las últimas páginas del cuaderno de mates, catellano… casi todos, menos el de Artes (como en esos tiempos los cuidábamos, mis pobres dibujos tenían que hacinarse en una o dos páginas por semestre, y se escabullían por detrás de la línea roja en las hojas escritas). Con el tiempo me acostumbre tanto que ni nerviosa me ponía, sólo cuando el chico que me gustaba me miraba o hacía cumplidos (tipo “oye, que dibujas bien!”) de puro nerviosismo llegaba a responder burradas poco humildes como: “sí, sí, lo sé” hahaha.

Espero tengan una linda semana. Hasta la próxima!

*el bus urbano

 
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Publicado por en julio 11, 2010 en Cuando no era ilustradora

 

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